Mientras paseaba por el bosque, me encontré con este tocón tan peculiar. Parecía tener vida propia, con sus ramitas como brazos y esos hongos blancos creciendo a su alrededor. Me quedé un rato observándolo, como si esperara que me dijera algo.
En la charca nadaban varios patitos con su madre. Me quedé un rato mirando cómo se movían entre las flores y el agua. Era una escena tan tranquila que me olvidé del calor por un momento
Al volver por el camino, me detuve un momento junto a la verja. El aire estaba quieto, y los árboles llenos de flores. Desde allí se veían los coches aparcados, pero todo parecía en calma, como si el día estuviera esperando algo. Ese camino siempre me ha parecido misterioso. Jacinta se preguntó, una vez más, a dónde llevará.
Hoy me acerqué al claro donde el sendero forma una espiral. No sé quién lo trazó, pero siempre me ha parecido que guarda algo especial. Caminé despacio por el borde, como si cada paso fuera parte de un ritual. Al fondo, la cascada cantaba bajito, y los sauces se mecían como si supieran un secreto
Hoy me encontré con un caracol gigante entre las flores. Estaba quieto, como si llevara siglos allí, observando el mundo sin prisa. Jacinta se acercó despacio, sin hacer ruido, preguntándose si aquel caracol tendría alguna historia que contar. El sol brillaba sobre su concha, y por un momento, todo pareció detenerse.
Me senté un rato en la hierba, dejando que el sol me calentara los hombros. Todo estaba en silencio, salvo por el canto de los pájaros y el susurro de las hojas. A veces basta con quedarse quieta para que el día te cuente algo.






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